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LA FETICHISTA : " una olla al final del arco iris" ( relato erótico) - HISTORIAS DE UNA CANIBAL-aventuras por escrito
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LA FETICHISTA : " una olla al final del arco iris" ( relato erótico)


La primavera rielaba por las avenidas de la ciudad, y por un segundo las calles parecían estirar sus lineas como las ramas de los almendros en flor invitando al cielo en un abrazo; era como si todo lo que me rodeaba me perteneciera y el sonido de mis tacones sincopado se clavara en las aceras como el sonido de un pájaro carpintero que hace acopio de los sonidos del bosque.



El aroma cálido de las tardes de mayo, con las terrazas de la ciudad dejando el murmullo como banda sonora de las calles y la calidez de los haces del sol como caricias, me abandonaron al hipnótico sueño de mis pasos sonoros al recuerdo...
 *****
La imagen saltó como  la pantalla de un cine al aire libre, y de pronto tenía 15 años. Allí me encontraba tumbada en una cama mientras, el silencio removía los visillos dejando pasar la brisa por la ventana como una caricia sobre mi piel; mientras, admiraba los brillos de la tersura de mis muslos y el manojo de llaves yacía como un amuleto plateado abandonado a su suerte haciéndome olvidar de donde estaba.


Y de pronto, ¡plas¡, las llaves cayeron al suelo, y aquello me hizo despertar de mi ensoñación , y recordé que mi vecino me había pedido que regara su "pequeño jardín colgante de Babilonia", aquellas jardineras que bordeaban el extenso balcón de un doceavo piso. Era lógico, en pleno mes de agosto el sol golpeaba duro sobre aquellos vegetales y 35 metros lineales de jardineras repletas de vergeles, podían convertirse en palotes en apenas unos días; por eso al ser compañeros de clase su hijo y yo, me pidió como un favor que cuidara durante sus vacaciones de su pequeño paraíso. Sin embargo, yo era demasiado joven y cualquier cosa me distraía llevándome  a mil ensoñaciones haciéndome olvidar el mundo; también demasiado curiosa, pues aun se descolgaban de mis dedos restos de la niñez que invitaban a jugar a ser exploradora de mundos.




Sabía que estaba muy mal cotillear, pero al fin y al cabo que mas daba, estaba completamente sola, y tenía una casa entera vacía para mi repleta de "tesoros" por descubrir...¿que habría en aquellos pequeños cajones de la boiserie del salón? y sin más dilación recorrí aquel mural de maderas nobles recreándome en cada pequeña figura o tacita, en las fotos colocadas con mimo sobre los estantes hasta que al fin creí oportuno haber inspeccionado todo, sin dejar por un segundo de pensar que trasgredía la linea de la confianza.


Ahora ya había traspasado la linea, y no había sucedido nada, no había dios para juzgarme, ni sombra que me persiguiera, y por eso mi mente dio otra vuelta a la tuerca y viendo tan sencillo hacer algo "prohibido" abrí con sigilo la puerta del dormitorio de matrimonio. Ahora era mucho más trasgresor, era el espacio intimo del dueño de la casa, era como invadir el dormitorio del rey, y cada rincón fuera la máxima aspiración. Mis latidos se aceleraron, como si alguien pudiera abrir la puerta de golpe y sorprenderme haciendo algo que no debía; por eso al abrir la puerta del armario del matrimonio, sentí una sensación de triunfo, fue como la sensación de haber asediado al enemigo, pero confieso que fue decepcionante ver simplemente colgados austeros vestidos de sus perchas...

En aquella casa no había tesoros, ni nada especial, tan solo muebles perfectamente colocados, como en un escaparate,  sin el más mínimo rastro de desorden. Luego pase a la habitación del hermano pequeño, y solo pude ver juguetes, miles de juguetes y me sonreí sin dejar de pensar que mi fantasía me había jugado una vez más una jugarreta, era una tontería, tenía que haberlo pensado más de una forma más adulta. Ellos , eran una familia media normal, ¿que tesoros iban a tener?y me carcajee estruendosamente de mi, viéndome tan infantil y ridícula; sin embargo aún me faltaba por explorar la habitación de mi vecino y compañero de clase, pero no esperaba encontrar nada especial, pues era un chico demasiado serio y buen chico.

Oscar era mi amigo, y aunque era un chico bien guapo era tan soso, que apenas  me fijé jamás en él como chico. Aquella forma de vestir tan de colegio de carmelita, sus peinado tan clásico y mil detalles, le convertían en la figura más anti erótica para una adolescente. Lo tenía claro, seguro que su habitación tenía incluso un rosario en la mesilla y todo bien colocado para satisfacer a mamá y papá. Y aunque sabía de antemano que era una tontería, era la única habitación que me quedaba por explorar.


Abrí la puerta ya sin sigilo alguno, y tal como esperaba encontré la típica habitación perfecta, pero tanto estress de trasgredir, y pensar que me pillarían, me había dejado agotada por completo y sin más viéndome la dueña y señora de la casa me tumbé en la cama de mi vecino mientras pensé:
-¡Que coñazo de casa!, vaya...ni tesoros, ni secretos, ni nada solo muebles...que aburrimiento...

Y de pronto me distrajo un objeto que asomaba debajo de la mesilla entre el cajón y la madera, parecía un papel escondido, aunque tal vez fuera algo desordenado simplemente dentro del cajón...pero desde luego entre tanto orden, aquello me llamo la atención y por eso decidí tirar de aquella pequeña porción de papel. Estiré y estiré, parecía...hmm ¿una revista?, tal vez fuera un catalogo por los brillos del papel...hasta que al fin lo saque. Siiiii ,era una revista.

Cual fue mi sorpresa cuando vi en la portada una mujer desnuda, la verdad, nunca había visto nadie desnudo salvo en alguna película de pasada, así que me llamo la atención muchísimo cuando al abrirla me encontré aquella mujeres abiertas de piernas y observé su chocho ausente de pelos con aquello abierto y no pude evitar mirar el mío. Desde ahí arriba no se parecía en absoluto, pues tampoco me había mirado jamás mis partes y apenas vislumbraba una pequeña raja rodeada de pelos. ¿Eran raras o yo era la rara?.

Mi curiosidad y mis dudas me hicieron levantar de nuevo e ir al baño a por un espejo, pero tenía demasiados pelos para ver lo que  había ahí abajo. Así que no lo pensé demasiado, y al momento cogí una cuchilla desechable de las mil que había y me puse a retirar todo aquella selva, desde luego yo no me iba a quedar con la duda.

Cuando termine con aquella peluca sentí mucho gusto, y pensé que porque no lo habría hecho antes, pues la diferencia era notable, tan suave y prieto que sentí como si  mi piel ahí abajo se sensibilizara. Bien, ahora ya podía mirar y comparar. pero cuando puse el espejo no se porque narices sentí una especie de miedo de separar aquello que parecía de fabrica unido...y si  ¿ aquello no se podía abrir?.¡ que tontería¡ pensé, pues si las mujeres aquellas lo abrían, yo también ¿no?; pero el espejo era demasiado pequeño para que viera con nitidez y de pronto recordé que en el dormitorio de oscar, había un espejo gigante en las puertas del armario.

Me senté sobre la cama, y no se porque razón nuevamente sentí la sensación de cruzar la linea, realmente si no había visto a nadie desnudo, caí en la cuenta que yo tampoco me miraba al espejo desnuda jamás, me resultaba excitante desnudar mi propia imagen, tal vez un poco alterada por la reciente visión de desnudos del interior de la revista. Verme abierta de piernas asomando las braguitas me alteró, era como si yo no fuera yo, y mis manos tocaran el reflejo que visionaba, algo dentro de mi se removió cuando ladee aquella tela y vi asomar los labios de mi sexo y sentí por primera vez fluir un liquido de mis adentros y una extraño picazón ahi mismo.


Algo me estaba sucediendo que no podía controlar y que desbocaba mis pensamientos sin control, y es cuando entonces regresé a la revista, buscando..no se que. Aquellas fotos iban enervando mi piel por segundos, hasta que llegué a las páginas centrales de la revista, y si  hasta entonces había desnudos de mujer, me encontré un relato perfectamente ilustrado con una pareja que como en un cómic emulaban una película porno.

Lo recuerdo perfectamente la primera foto se sentaban la pareja en un sofá mientras se miraban de forma seductora vestidos ambos de una forma peculiar. La siguiente viñeta  la mano del hombre descubría los pechos de la protagonista, los cuales eran abundantes y no pude evitar el dejar deslizarse mi mano a mis propios pechos y acariciar mis pezones como hacía aquel hombre. Todas aquellas sensaciones hicieron que me sumergiera en la historia de la revista, y decidí leer el relato que había al lado de las viñetas, y sin querer fui emulando las caricias que contaba la historia. Tal era mi excitación, que sentí mis entrañas explotar, no sabía que sucedía pero era una mezcla de dolor y ansia, de hambruna de algo que no sabía como saciar, pero que dentro de mi se acrecentaba por momentos y retorcía mis pensamientos hasta los limites que jamás había pensado, un ansia infinita me invadía, y las imágenes empezaron a correr deprisa en mis pensamientos, mujeres con los pechos desnudos  y hombres con los penes erectos, la imagen de mi reflejada en el espejo tan real como la vida misma, interactuando con mis personajes y de pronto sin saber la razón ni el motivo de mis ansias en un arrebato de locura rebusque en el armario de oscar intentado encontrar la forma exacta que retratara el pene masculino y saqué unos calzoncillos.


Los olí  y sentí un difuminado aroma de macho animal  que me excitó si cabe aún mas mi hambre infinita. Aquella tela por segundos desdibujaba con avidez las formas del falo y mientras miraba la fotografía del hombre con el pene erecto, acaricié con su suave tela los labios de mi vagina, empece a restregar la prenda  por mi sexo, a presionar con mis muslos la tela intentando atrapar el deseo que parecía escaparse en un trote de una yegua salvaje embravecida, mis latidos se aceleraban y mi jadeo reflejaba la desazón que me consumía por segundos y que no dejaba de acrecentarse en oleadas de un placer hasta entonces desconocido.


Pronto recordé a quien pertenecía aquella ropa que estaba entre mis piernas y empecé a pensar en Oscar abriendo la cremallera de su pantalón hasta su pubis, dejando asomar su vello púbico incipiente, como invitándome a descubrir lo que allí había. A pesar de sorprenderme pensando en mi vecino soso, mi mente lo trasformo en un gladiador sensual y victorioso, mientras, no dejaba de cabalgar  sobre aquel trapo que tanto placer me estaba dando y comencé a sentir calor, un calor que arrebolaba mis mejillas y hacía que explotaran mis sienes en destellos eléctricos que hacían regurgitar de mis entrañas un liquido pegajoso que al contacto con los labios de mi vagina me proporcionaba mas y mas placer.

Perdida del mundo y las horas, el apetito voraz había nublado mi mente por completo y solo deseaba saciar en aquella carrera sin limites mi sed de placer, las imágenes lascivas cada vez giraban con mas rapidez en mi interior como en un carrusel laberíntico demencial hasta que en una convulsión mi cuerpo di un espasmo que me hizo explotar cortando hasta mi aliento, quebrando mi columna, tensando cada parte de mi ser, y sentí como si por primera vez mis dedos tocaran el sol con los dedos y se quemaran, como si en un segundo muriera y resucitara al mismo tiempo, y la nada y el todo fluyera en mis espacios como una oleada caliente que escupiera el infierno desbordado entre mis piernas....y después el silencio, la calma, la quietud, el abandono, como el sueño eterno, y la plenitud de algo que sin dejar de ser no es nada, y es todo, en la inexistencia del tiempo, y hasta me olvide del olvido, hasta que de nuevo sentí mis latidos y respiración y recordé quien era. Mientras en el último párrafo escrito de la historia leí :

"Y llegaron al orgasmo juntos en una corrida demencial"

Supuse que aquello era mi primer orgasmo con mi primer fetiche, y que los seres fantasmales de la revista, junto a mi vecino, se habían corrido conmigo a la vez; y si bien  era cierto que las sombras de mi niñez me había hecho buscar la olla al final del arco iris buscando tesoros inexistentes con plena decepción, mi recompensa pirata fue mayor que lo que esperaba, pues para siempre guarde aquel pequeño gran botín de fechorías . Encontré donde menos lo esperaba las llave de las puertas del placer.

Ahora estaba segura que aún me quedaban muchos cofres sin abrir, pero sin duda alguna había que girar la llave hasta el limite de lo que hasta entonces era permisivo; y si aquello era pecado, me daba exactamente igual, pues sabía que lo mismo que nadie me sorprendería en mis pensamientos cotilleando en aquella casa ni había bajado Dios o un ángel para castigarme, tampoco había ardido en el infierno por ver el sexo.

Desde luego lo que si estaba convencida es que si había algún pecado en este mundo, era el perderse aquel universo por descubrir...

:*******

El eco de mis tacones me devolvieron en un salto en el tiempo alimentando el aguijón que se clavaba dentro de mi ser, mientras, la calidez de la brisa primaveral  acariciaba la falda de seda que se enredaba como la pluma de un ángel entre mis piernas, restregando el placer del recuerdo. Y sentí fluir por mis bragas el paso del aliento del sexo que se abría paso ante la indiferencia de los pasos de la gente.

Como dos columnas poderosas mis piernas se cimbrearon surcando  por un segundo, elevándose, serpenteando a mi sexo por aquellos tacones, como dos falos  de demonios infernales o batiéndose dulces en el cosquilleo de las alas de un ángel.
Una ráfaga...un segundo eléctrico se deslizó por todo mi ser. El pequeño orgasmo me hizo recordar entonces mi cita con X, y me hundí en la ensoñación de aquel otro fetiche, otro de mis pequeños tesoros, aquellos maravillosos zapatos de tacón que me hacían fluir mil apetencias ...¡ Bendito aquel día que día que descubrí mis fetichismos!-pensé


Os la contaría, pero esa, es otra historia... muy larga de contar.



Escrito integramente por :Anarkiaaa.


Escrito integramente por :Anarkiaaa.
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